Hace décadas que el desierto de Frank Herbert llegó a la gran pantalla, pero en el imaginario colectivo cinéfilo aún resuena el eco de una versión que pudo haber cambiado la historia del séptimo arte: el Dune de Alejandro Jodorowsky.

Mucho antes de que David Lynch presentara su versión de culto en 1984, el cineasta experimental chileno ya había trazado las líneas de lo que él llamaba una “épica psicodélica y espiritual”. En 1974, un consorcio francés adquirió los derechos de la novela y puso a Jodorowsky al mando. El resultado no fue una película, sino una leyenda: la mejor obra de ciencia ficción nunca filmada.
El ejército de “Guerreros Espirituales”

Jodorowsky no buscaba técnicos, buscaba “guerreros”. Durante años, el director reclutó a una alineación de talentos que hoy parece un sueño febril de la cultura pop:
- Diseño Visual: El equipo estaba liderado por H.R. Giger (futuro creador de Alien), el ilustrador británico Chris Foss y el legendario dibujante de cómics Moebius. Juntos produjeron más de 3,000 dibujos de storyboard que detallaban cada rincón de este universo.
- Banda Sonora: La atmósfera auditiva quedaría en manos de la psicodelia de Pink Floyd y el rock progresivo de Magma.
- Reparto Estelar: El director logró atraer a figuras de la talla de Mick Jagger y al mismísimo Salvador Dalí, quien aceptó participar bajo condiciones extravagantes.
Un fracaso que cambió el futuro

A pesar de la magnitud del proyecto y de años de preparación exhaustiva, nunca se llegó a rodar ni un solo fotograma. La ambición de Jodorowsky chocó con la realidad financiera de los estudios de Hollywood, que temían la duración de la película (estimada en más de 10 horas) y la visión radical del director.
Sin embargo, el proyecto no murió en el olvido. El inmenso libro de arte conceptual que Jodorowsky presentó a los estudios circuló por las oficinas de los productores más influyentes. Expertos aseguran que el ADN de esta versión fallida se encuentra en los cimientos de clásicos como Star Wars, Alien (1979) y The Terminator (1984).
“Mi ambición era crear un profeta para cambiar la mente de los jóvenes de todo el mundo”, declaró Jodorowsky años después sobre su visión.
Incluso décadas después, el interés por este “sueño frustrado” sigue vigente. En 2022, una copia del legendario guion gráfico se vendió por la asombrosa cifra de 3 millones de dólares, confirmando que, aunque la película nunca existió físicamente, su valor artístico y su influencia son incalculables.

