El primer libro del abogado y ex fiscal, Carlos Gajardo, “Somos tontos hasta las doce” es un libro de no ficción, lleva semana dentro de los más vendidos y el motivo es obvio: es un relato cronológico personal sobre su rol protagónico en la investigación de casos emblemáticos de corrupción y financiamiento ilegal de la política en Chile, como el caso Penta.
La obra se presenta como un testimonio crítico y reflexivo sobre el funcionamiento del sistema judicial chileno, el ejercicio del poder y las profundas desigualdades existentes en la aplicación de la justicia.

El título del libro, provocador e irónico, remite a una frase que el propio Gajardo pronunció públicamente años atrás para cuestionar declaraciones de autoridades políticas que parecían minimizar la inteligencia de la ciudadanía. Desde esa premisa, el autor construye un relato que interpela directamente al lector, invitándolo a no aceptar explicaciones superficiales ni discursos oficiales que justifican el actuar con lentitud de la justicia cuando se trata de delitos cometidos por sectores privilegiados.
Gajardo expone con claridad cómo los mecanismos institucionales tienden a proteger a los sectores de poder económico y político. Sin embargo, el texto se concentra excesivamente en ejemplos ya conocidos por la opinión pública, sin avanzar hacia una reflexión más profunda sobre las causas estructurales de la impunidad del sistema judicial, ni sobre sus responsabilidades.
Gajardo en su libro combina su experiencia personal como fiscal con un análisis político y social más amplio. No se limita a narrar hechos, sino que contextualiza los casos que investigó dentro de una estructura institucional que, según plantea, tiende a proteger a los poderosos.

El autor también aborda el impacto de la presión política y mediática sobre el sistema judicial, describiendo cómo ciertas investigaciones generan resistencias internas y externas que terminan debilitando la confianza ciudadana en las instituciones. En este sentido, el libro no es solo una denuncia, sino también una reflexión sobre las consecuencias democráticas de la corrupción: el desencanto social, la apatía política y la sensación de que la justicia no opera de la misma forma para todos.
Gajardo para escribir es directo, claro y accesible, evitando tecnicismos jurídicos innecesarios. Esto permite que el libro sea comprendido por un público amplio, incluso por lectores sin formación legal. A pesar de tratar temas complejos y, en ocasiones, duros, el autor logra mantener un tono cercano y reflexivo, lo que convierte la lectura en una experiencia ágil y provocadora. No se trata de un texto académico, sino de una obra pensada para generar debate y conciencia ciudadana.
“Somos tontos hasta las doce” es una obra relevante y oportuna para comprender la crisis de confianza en las instituciones chilenas. A través de una mirada honesta y crítica, Carlos Gajardo entrega un testimonio valioso que invita a reflexionar sobre la responsabilidad ciudadana, el rol del Estado y la necesidad de una justicia verdaderamente igualitaria. Es una lectura recomendada para quienes buscan entender, más allá de los titulares, cómo operan el poder y la impunidad en Chile contemporáneo.
El libro de Carlos Gajardo es una obra relevante y necesaria en el contexto chileno actual, pero no está exenta de limitaciones. Su mayor valor reside en visibilizar las fallas del sistema judicial y en cuestionar la normalización de la impunidad. Sin embargo, su enfoque testimonial, la escasa autocrítica y la falta de profundidad estructural impiden que el texto trascienda la denuncia para convertirse en un análisis plenamente crítico. Somos tontos hasta las doce interpela, incomoda y provoca, pero deja pendiente el desafío de pensar la justicia más allá del relato personal y la indignación moral.
Por Mauricio Aravena Z
Lunes 29 de diciembre de 2025

